- No establecer un stop loss: Pensar que un stop loss no puesto es una tortura. No poner un stop loss puede transformar una operación de intradía en una inversión no planeada, resultando en un costo de oportunidad mayor que la pérdida inicial.
- Promediar a la baja: Este es un error aún más grave. Consiste en doblar el riesgo comprando más de un activo que está bajando, esperando que suba para recuperar más rápido. Esto implica aumentar el riesgo con el objetivo de no perder. Pocas personas se arruinan en la bolsa, pero los que lo hacen es por promediar a la baja.
- Vender al llegar a 950: Si se promedia a la baja, vender cuando el precio alcanza el punto de equilibrio (ej: 950) es un error, ya que se está doblando el riesgo para evitar la pérdida.
- No cortar inmediatamente una operación errónea: Si se comete un error al comprar o vender, cerrar la operación inmediatamente en lugar de esperar a ver qué pasa.
- Encasillarse con la idea de "ha subido mucho" o "ha bajado mucho": No se debe asumir que un valor no puede subir más porque ya ha subido mucho, o viceversa.
- Ser demasiado duro con uno mismo: No ser tan estricto o exigente, y no machacarse por los errores.
- Mirar los beneficios en términos absolutos en lugar de porcentajes: Enfocarse en la cantidad absoluta ganada en lugar del porcentaje de ganancia respecto a la inversión total puede llevar a tomar decisiones arriesgadas para obtener mayores ganancias. Por ejemplo, no menospreciar una ganancia de 100 cuando se tiene 10,000, ya que representa un 1% de la cartera en un día.
- Dejarse influenciar por comentarios de otros: No permitir que los comentarios de otros, especialmente aquellos que solo comparten sus éxitos, distorsionen la estrategia de operación personal.
- No retirar plusvalías: Reinvertir automáticamente las ganancias sin disfrutar de las plusvalías puede llevar a arriesgar más de la cuenta. Es importante marcarse objetivos de ganancias y, al alcanzarlos, retirar los beneficios. Se sugiere que si hay ganancias en un mes, se transfieran al banco para poder gastar ese dinero.
- No saber estar poco tiempo frente al ordenador: Es un desafío saber cuándo dejar de operar y alejarse del ordenador, incluso después de haber alcanzado los objetivos de ganancia.
- No ser un "francotirador": Hay que saber "no hacer nada" y buscar operaciones con alta probabilidad de éxito en lugar de operar constantemente. Es importante incrementar los porcentajes de acierto.
- No saber gestionar las ganancias: Es difícil saber cómo actuar cuando un valor sube, sube, y luego corrige. Es difícil mantener la calma y seguir la estrategia cuando un valor sube y luego corrige, lo que puede llevar a ejecutar beneficios de manera prematura o a modificar el stop loss de forma incorrecta.
Hoy quiero hablaros de algo que, si lo pilláis bien, puede cambiarlo todo TODO. Me refiero a la importancia de rodearse de gente que te patee intelectualmente hablando, gente que esté dos, tres, o veinte pasos por delante de ti.
Y ojo, que aquí no vengo con cuentos de hadas ni frases de coaching recicladas. Hablo desde la experiencia, desde el agujero negro de darte cuenta de que en los trabajos que he tenido no he encontrado a esos referentes que te hagan pensar: "¡Madre mía, qué lejos estoy de este tío o de esta tía!" ¿Sabes de lo que te hablo? Esa sensación de que alguien está donde tú quieres estar y que al mismo tiempo te abre la cabeza como un melón con su forma de ver el mundo. Pues no, yo no he tenido esa suerte.
¿Y qué pasa cuando no tienes esa suerte? Que te toca buscarte la vida. Porque sí, los entornos mediocres te atan, te anclan, te secan las ganas. Pero que quede claro: eso no es excusa. Si no tienes a esos gigantes cerca, tendrás que buscarlos, aunque sea virtualmente.
Y ahí está la magia de las redes, del escribir, del compartir. Fue abrirme una cuenta en Twitter y empezar un blog, y de repente... ¡zas! Un mundo completamente distinto. Gente que ni siquiera sabe que existes, pero que, con un hilo, un artículo, o una respuesta, te enseñan más que un jefe mediocre en diez años. Es un regalo brutal. Y gratis, además.
Pero aquí viene la clave: no vale con leer o admirar desde lejos. Tienes que interactuar, preguntar, aportar. Y sí, a veces parecerás un pringado o sentirás que no tienes nada que ofrecer, pero ¿sabes qué? Esa humildad es justo lo que te llevará lejos. Porque no hay peor ciego que el que se cree listo. Y cuando reconoces que no tienes ni idea de algo, es cuando aprendes de verdad.
Así que, si en tu entorno físico no tienes esa gente brillante, sal ahí fuera, métete en Twitter, abre un blog, comenta en foros. Haz lo que tengas que hacer, pero no te quedes atrapado en tu pequeño círculo. Porque si sigues rodeándote de los mismos, acabarás siendo como ellos. Y, seamos sinceros, si te conformaras con eso, ni estarías escuchando leyendo este artículo.
La gente brillante está ahí, esperando a que te muevas, a que hagas el esfuerzo de conectar. Porque al final del día, no importa tanto de dónde vienes, sino con quién decides caminar.
¿Y lo último que decía? Eso de "si no estás incómodo, no estás creciendo". Pues quiero remarcarlo antes de terminar.
Porque rodearte de gente más inteligente que tú no es un camino cómodo. A veces te hará sentir pequeño, incluso inútil. Te miras al espejo y piensas: "¿Qué hago yo aquí? No doy la talla." Y justo ahí está el punto. Si te sientes así, es que estás en el lugar correcto.
La comodidad es el enemigo del progreso. Y ojo, no digo que te machaques, que ya bastantes latigazos nos damos nosotros solos. Pero sí te digo que te empujes a estar donde las conversaciones te exijan más, donde no puedas dormitar con respuestas fáciles. Eso, amigo mío, es lo que cambia las reglas del juego.
Así que busca. Insiste. No te calles. Y cuando encuentres a esa gente que te inspira, no la sueltes. Porque ellos no solo te ayudarán a llegar donde quieres, sino que, sin darte cuenta, te convertirán en el tipo de persona que otros buscan para crecer.
Ahora sí, hasta aquí llegamos. Vete y busca a tus gigantes. Porque, créeme, están ahí, esperando a que tú también te conviertas en uno.
Y ya que estamos, te lanzo la invitación: si tú eres uno de esos gigantes —o alguien que también está buscando crecer y compartir ideas—, házmelo saber. Escríbeme, comenta, propón. Este espacio no es solo para leer, es para construir juntos.
Si tienes algo que aportar, o simplemente ganas de intercambiar ideas, no te cortes. Porque lo que he aprendido es que cuando dos cabezas inquietas se juntan, la chispa que puede salir de ahí vale más que cualquier manual o curso online.
Así que, ¿te animas? Si tú también crees en rodearte de los mejores, hagamos que este blog sea el punto de encuentro. Te espero.